viernes, 6 de mayo de 2022

UN RELLANO DE PAZ EN EL NORTE DE BOGOTA

         
UN RELLANO DE PAZ EN EL NORTE DE BOGOTA

Por : Luis Alfredo Chaparro Muñoz

 En medio del progreso pujante de la Bogota bonita , hay un sitio que podríamos   determinar como uno de los pulmones de ciudad; El Parque del Chico o Museo del Chicó o Museo Mercedes Sierra de Pérez. Rodeado   de  las construcciones de vivienda mas caras del país, cohabitando con la sede de grandes compañías nacionales y multinacionales, este pequeño rellano, que oxigena la ciudad, se ha  convertido en una especie de oasis aislado del   bullicio provocado por  los miles de vehículos que transitan  las calles que lo rodean  y sirve como lugar de esparcimiento a las familias bogotanas, que los fines de semana irrumpen en su verde tapiz, dando albergue a  los pequeñines que lo corretean libremente por  los enormes espacios  de los cuales dispone la finca.  Pinos y cipreses son acompañados  por  especies nativas como las acacias o la palma de cera (árbol nacional de Colombia), presididos  por una antigua casona del siglo XVIII que pareciera haber congelado el tiempo en medio del vertiginoso avance y el ritmo "endemoniado" que impregna las ciudades del mundo moderno.

Localizado en el barrio El Chico, al norte de la ciudad , fue declarado bien de interés cultural del ámbito distrital en 1992 y que  hoy día da su nombre al barrio que lo rodea. El nombre "chico" proviene de la palabra muisca "chicu" que en español significa "nuestro aliado" y toma su nombre de la quebrada del chicu que nace el los cerros orientales . Aunque los Muiscas  no veían el agua como una deidad, significaba para ellos el inicio de la vida y de toda relación con el viente de la madre. Según los historiadores esta hacienda perteneció en tiempos pretéritos  al cacicazgo de suba.

El Museo del Chico, cuenta con una gran colección de objetos antiguos, muchos de ellos traídos de Europa  por  doña Mercedes Sierra de Pérez quien heredaría en 1921 la finca de manos de de su padre, el acaudalado hombre de negocios Don Pepe Sierra

“El Chicó”  junto al resto de la fortuna que recibió, “no se perdió en pequeñas caridades”, pues al igual que don Pepe, “hizo donaciones con el mismo espíritu con que él hacía negocios”. Su más generoso legado lo destinó a la capital y a sus habitantes: la propiedad de la hacienda de “El Chicó”, así como una importante suma de dinero para la época, la cual serviría para adaptar como museo la vieja casona, con toda su colección de arte y antigüedades, y como parque infantil, abierto al público, 

El terreno de diez hectáreas de jardines que la rodeaba fueron puestos al servicio del publico en diciembre de 1964. Mercedes Sierra (1877-1953) fue el prototipo de la mujer autodidacta de finales del siglo XIX. Se hizo a una vasta educación a través de sus viajes por el mundo, las lecturas y el intercambio intelectual con su marido, Enrique Pérez Hoyos, y a través de tertulias sociales con los personajes más cultos e inquietos de la época. 

Su afición al coleccionismo se inició desde muy temprana edad.  La diversidad de intereses que convocaron su atención la llevó a conformar una muy heterogénea y abierta colección que incluye óleos de pintores nacionales y extranjeros, arte religioso y platería colonial, cerámicas precolombinas, porcelanas, jarrones art decó, vajillas orientales, utensilios domésticos en cobre y bronce, mobiliario francés, baldosas de Portugal e imaginería local y latinoamericana por la cual tuvo particular preferencia 

Su Padre Jose Maria Sierra Sierra fue el segundo de una familia campesina de 12 hermanos. La educación del futuro empresario no pasó de los primeros años de educación primaria. Según su nieto y biógrafo, Bernardo Jaramillo Sierra , inició la acumulación de fortuna en la juventud, trabajando en el campo en la cría de ganado, siembra de caña y fabricación de panela. Luego, la consolidó en la madurez con el remate de las rentas y finalmente la invirtió en bienes raíces.

A los catorce años tuvo su primera parcela en el departamento de Caldas, cerca a Manizales, la cual araba de día y en las noches de luna. Simultánemente, trabajaba como arriero y transportaba y vendía la panela que producía y aprovechaba para traer la papa que cultivaban otros agricultores. A los veinte años contrajo matrimonio con su prima Zoraida Cadavid Sierra y a los veintiocho tenía en su haber varios hijos fuera del matrimonio y cuatro legítimos, muchas haciendas que se extendían entre Itagüí y Barbosa (Antioquia), además del control de los precios de la panela y de la vara de tierra en el Valle de Aburrá.
En 1886 pasó a residir en Medellín. Allí fundó varias sociedades como "La Cuarta Compañía", dedicada a la cría de ganado y a la siembra de extensos cañaverales para abastecer de melaza a sus fábricas de aguardiente, ya prósperas en todo el departamento.

El primer viaje a Bogotá lo realizó en 1888. Fue el principio de una residencia de 26 años en la capital del país, donde se inició como apostador y criador de gallos de pelea en los bajos fondos de la ciudad, desplazándose después a las zonas bancarias y de residencia de personas opulentas. Hizo casar a su hija Clara Sierra Cadavid con un hijo del ex presidente colombiano Rafael Reyes Prieto, lo que llevó a visitar con frecuencia el Palacio de San Carlos. Rápidamente se convenció de ser el único capaz de sacar de apuros a los gobiernos empobrecidos de su época. Los presidentes Rafael Núñez Moledo, Miguel Antonio Caro Tobar, Carlos Holguín Mallarino, Jorge Holguín Mallarino, José Manuel Marroquín Ricaurte, Rafael Reyes Prieto, Ramón González Valencia y Carlos Eugenio Restrepo Restrepo estuvieron en su lista de clientes.

Inició sus negocios en Bogotá con el remate de la renta del beneficio de ganado y el cuero proveniente de Cundinamarca, pero luego se sintió con derecho de monopolizar las rentas. Sierra aprovechó la coyuntura económica de su época, caracterizada por la permanente crisis que al fisco nacional produjeron las rebeliones internas. Durante la época del movimiento denominado Regeneración, el problema se agudizó. El entonces presidente, Rafael Núñez intentó solventar las finanzas públicas a través de la reactivación del remate y monopolios estatales, de abundante emisión de papel moneda de curso forzoso y de la colocación de bonos y libranzas en el mercado. Los denominados remates eran el medio para procurarse anticipos de individuos particulares. Estos generalmente eran muy solventes, dado que se les exigían garantías económicas (hipotecas, fianzas, depósitos monetarios anticipados) a cambio del privilegio de gozar de las seguras utilidades producidas por tales monopolios. Rápidamente José María Sierra se convirtió en el más fuerte rematador y prestamista a nivel nacional, con base en un simple sistema administrativo de negocios, pero con una intrincada red de agentes diseminada por todo el país, encargados de negociar la adjudicación de las rentas.

Considerado posteriormente el hombre más rico de Colombia, vivía de manera austera, cosa que no cambió al acceder a las altas esferas bogotanas, y no aumentó los gastos de representación social de su familia. Sierra también fue empresario financista de la última etapa de la construcción de ferrocarriles en Colombia. A él se debió la terminación del Ferrocarril de Amagá y parte del Ferrocarril del Pacífico. Se inició como banquero estableciendo el "Banco de Sucre" y el "Banco Central", además de la Compañía del Hielo en Panamá. 

Al final de sus días, fue atacado por crisis nerviosas y arterioesclerosis, acompañadas de crónico desinterés por los negocios. La familia empeoró la situación ya que derrochaba el dinero en el continente europeo, sin prestar atención a la administración de las fincas, en muchas de las cuales se construyeron lujosos palacetes, como el del Chicó, al norte de Bogotá, convertido hoy en museo.

Disfrutar de una taza de café en el imponente double decker situado en el centro del parque,originalmente ingles, es la mejor manera de correr el velo de la historia y allí donde todo parece haberse detenido, los manteles de cuadritos para servir bebidas y emparedados,   los gritos de los chicos, los juegos familiares en una fría tarde de domingo son  testigo ático de una Bogota que se niega a desaparecer, que sobrevive en las entrañas del desarrollo y que nos permite probar la existencia de una BOGOTA BONITA 

En mi próximo articulo :HISTORIA DE LA PASTELERIA LA FLORIDA 

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