UN RELLANO DE PAZ EN EL NORTE DE BOGOTA
Por : Luis Alfredo Chaparro Muñoz
En medio del progreso pujante de la Bogota bonita , hay un sitio que podríamos determinar como uno de los pulmones de ciudad; El Parque del Chico o Museo del Chicó o Museo Mercedes Sierra de Pérez. Rodeado de las construcciones de vivienda mas caras del país, cohabitando con la sede de grandes compañías nacionales y multinacionales, este pequeño rellano, que oxigena la ciudad, se ha convertido en una especie de oasis aislado del bullicio provocado por los miles de vehículos que transitan las calles que lo rodean y sirve como lugar de esparcimiento a las familias bogotanas, que los fines de semana irrumpen en su verde tapiz, dando albergue a los pequeñines que lo corretean libremente por los enormes espacios de los cuales dispone la finca. Pinos y cipreses son acompañados por especies nativas como las acacias o la palma de cera (árbol nacional de Colombia), presididos por una antigua casona del siglo XVIII que pareciera haber congelado el tiempo en medio del vertiginoso avance y el ritmo "endemoniado" que impregna las ciudades del mundo moderno.
Localizado en el barrio El Chico, al norte de la ciudad , fue
declarado bien de interés cultural del ámbito distrital en 1992 y que hoy día da su
nombre al barrio que lo rodea. El nombre "chico" proviene de la palabra muisca "chicu" que en español significa "nuestro aliado" y toma su nombre de la quebrada del chicu que nace el los cerros orientales . Aunque los Muiscas no veían el agua como una deidad, significaba para ellos el inicio de la vida y de toda relación con el viente de la madre. Según los historiadores esta hacienda perteneció en tiempos pretéritos al cacicazgo de suba.
El Museo del Chico, cuenta con una
gran colección de objetos antiguos, muchos de ellos traídos de Europa por doña Mercedes Sierra de Pérez quien heredaría en 1921 la finca de manos de de su
padre, el acaudalado hombre de negocios Don Pepe Sierra
“El Chicó” junto al resto de la fortuna que recibió, “no se perdió en
pequeñas caridades”, pues al igual que don Pepe, “hizo donaciones con el mismo
espíritu con que él hacía negocios”. Su más generoso legado lo destinó a la
capital y a sus habitantes: la propiedad de la hacienda de “El Chicó”, así como
una importante suma de dinero para la época, la cual serviría para adaptar como
museo la vieja casona, con toda su colección de arte y antigüedades, y como
parque infantil, abierto al público,
El terreno de diez hectáreas de jardines
que la rodeaba fueron puestos al servicio del publico en diciembre de 1964. Mercedes Sierra (1877-1953) fue el
prototipo de la mujer autodidacta de finales del siglo XIX. Se hizo a una vasta
educación a través de sus viajes por el mundo, las lecturas y el intercambio
intelectual con su marido, Enrique Pérez Hoyos, y a través de tertulias
sociales con los personajes más cultos e inquietos de la época.
Su afición al
coleccionismo se inició desde muy temprana edad.
La diversidad de intereses que convocaron su
atención la llevó a conformar una muy heterogénea y abierta colección que
incluye óleos de pintores nacionales y extranjeros, arte religioso y platería
colonial, cerámicas precolombinas, porcelanas, jarrones art decó, vajillas orientales,
utensilios domésticos en cobre y bronce, mobiliario francés, baldosas de
Portugal e imaginería local y latinoamericana por la cual tuvo particular
preferencia
Su Padre Jose Maria Sierra Sierra fue el
segundo de una familia campesina de 12 hermanos. La educación del futuro empresario no pasó
de los primeros años de educación
primaria. Según su nieto y biógrafo, Bernardo Jaramillo Sierra , inició la acumulación de fortuna en la juventud,
trabajando en el campo en la cría de ganado, siembra de caña y fabricación de panela. Luego, la
consolidó en la madurez con el remate de las rentas y finalmente la invirtió en
bienes raíces.
A los
catorce años tuvo su primera parcela en el departamento de Caldas, cerca a
Manizales, la cual araba de día y en las noches de luna. Simultánemente,
trabajaba como arriero y transportaba y vendía la panela que producía y
aprovechaba para traer la papa
que cultivaban otros agricultores. A los veinte años contrajo matrimonio con su
prima Zoraida Cadavid Sierra y a los veintiocho tenía en su haber varios hijos
fuera del matrimonio y cuatro legítimos, muchas haciendas que se extendían
entre Itagüí
y Barbosa
(Antioquia), además del control de los precios de la panela y de la
vara de tierra en el Valle de Aburrá.
En 1886 pasó
a residir en Medellín. Allí fundó varias sociedades como "La Cuarta
Compañía", dedicada a la cría de ganado y a la siembra de extensos
cañaverales para abastecer de melaza a sus fábricas de aguardiente, ya prósperas
en todo el departamento.
El primer
viaje a Bogotá
lo realizó en 1888. Fue el principio de una residencia de 26 años en la capital
del país, donde se inició como apostador y criador de gallos de pelea en los
bajos fondos de la ciudad, desplazándose después a las zonas bancarias y de
residencia de personas opulentas. Hizo casar a su hija Clara Sierra Cadavid con
un hijo del ex presidente colombiano Rafael Reyes
Prieto, lo que llevó a visitar con frecuencia el Palacio de San
Carlos. Rápidamente se convenció de ser el único capaz de sacar de
apuros a los gobiernos empobrecidos de su época. Los presidentes Rafael Núñez
Moledo, Miguel Antonio
Caro Tobar, Carlos Holguín
Mallarino, Jorge Holguín
Mallarino, José Manuel
Marroquín Ricaurte, Rafael Reyes
Prieto, Ramón González
Valencia y Carlos Eugenio
Restrepo Restrepo estuvieron en su lista de clientes.
Inició sus
negocios en Bogotá con el remate de la renta del beneficio de ganado y el cuero
proveniente de Cundinamarca,
pero luego se sintió con derecho de monopolizar las rentas. Sierra aprovechó la
coyuntura económica de su época, caracterizada por la permanente crisis que al
fisco nacional produjeron las rebeliones internas. Durante la época del
movimiento denominado Regeneración,
el problema se agudizó. El entonces presidente, Rafael Núñez intentó solventar
las finanzas públicas a través de la reactivación del remate y monopolios
estatales, de abundante emisión de papel moneda de curso forzoso y de la
colocación de bonos y libranzas en el mercado. Los denominados remates eran el
medio para procurarse anticipos de individuos particulares. Estos generalmente
eran muy solventes, dado que se les exigían garantías económicas (hipotecas,
fianzas, depósitos monetarios anticipados) a cambio del privilegio de gozar de
las seguras utilidades producidas por tales monopolios. Rápidamente José María
Sierra se convirtió en el más fuerte rematador y prestamista a nivel nacional,
con base en un simple sistema administrativo de negocios, pero con una intrincada
red de agentes diseminada por todo el país, encargados de negociar la
adjudicación de las rentas.
Considerado
posteriormente el hombre más rico de Colombia, vivía de manera austera, cosa
que no cambió al acceder a las altas esferas bogotanas, y no aumentó los gastos
de representación social de su familia. Sierra también fue empresario
financista de la última etapa de la construcción de ferrocarriles en Colombia.
A él se debió la terminación del Ferrocarril de Amagá y parte del Ferrocarril
del Pacífico. Se inició como banquero estableciendo el "Banco de
Sucre" y el "Banco Central", además de la Compañía del Hielo en
Panamá.
Al final de
sus días, fue atacado por crisis nerviosas y arterioesclerosis,
acompañadas de crónico desinterés por los negocios. La familia empeoró la situación
ya que derrochaba el dinero en el continente europeo, sin prestar atención a la
administración de las fincas, en muchas de las cuales se construyeron lujosos
palacetes, como el del Chicó, al norte de Bogotá, convertido hoy en museo.
Disfrutar de una taza de café en el imponente
double decker situado en el centro del parque,originalmente ingles, es la mejor manera de correr el velo de la historia y allí donde todo parece haberse detenido, los manteles de cuadritos para servir bebidas y emparedados, los gritos de los chicos, los juegos familiares en una fría tarde de domingo son testigo ático de una Bogota que se niega a desaparecer, que sobrevive en las entrañas del desarrollo y que nos permite probar la existencia de una BOGOTA BONITA
En mi próximo articulo :HISTORIA DE LA PASTELERIA LA FLORIDA